18.4.07

Polipropileno


A la hora en punto estaba en la cola de admisión esperando mi turno. Al llegar a la ventanilla y dar mis apellidos, internamente deseaba que no me encontraran en la lista; pero no, ahí estaba con todos mis datos.
No sé si eran los nervios o que hacía un calor insoportable por la cantidad de ropa que llevaba puesta. Me dieron un listado de pegatinas con mis datos y me mandaron a la primera planta.
Allí tuve que buscar otro mostrador en el que tenía que entregar las pegatinas. Me indicaron la habitación y que esperara, mientras me dieron un camisón y una bata "Desnúdese y póngase esto". Seguro que esperaban a más gente porque en el camisón cabían tres como yo. Menos mal que la bata era más pequeña y recogía aquello un poco. Sabía que era la segunda en entrar al quirófano y mientras esperaba me fui haciendo amiga de la otra chica que estaba en la misma habitación.
El personal era amabilísimo, pero resulta algo incómodo que cuando te acostumbras al saco que te dan como camisón te digan "desnúdese entera". (Vaya trajín que tenemos con el tema ropa).
Aquí ya empieza el miedito, te tumbas en la cama (más que tumbarte trepas hacia la cima; Dios, que altas son) y te pintan donde se supone que te van a rajar, mientras que te indican que no toques nada y que no se preocupe “que pintamos de más”.
Aderezada con un gorrito de tela verde para recoger la media melena y con unos patucos del mismo estilo (conjuntada de pies a cabeza), metidita entre las sábanas, te sacan por el pasillo camino del matadero,- perdón quise decir quirófano-.
La puesta en escena es la releche: sobre todo, cuando al salir de la habitación, te encuentras a toda la familia despidiéndote desde el pasillo. El camillero va sorteando las puertas y tú, sin saber que hacer con las manos, te las cruzas sobre el pecho pero te acuerdas de que a los muertos los colocan más o menos así (al menos en las películas). Rápidamente las descruzas y las dejas caer a los costados.
Se une a la comitiva otro señor que te pregunta ¿Cómo estás?, ¿Nerviosa? y en ese momento una ráfaga de aire levanta el historial que llevas sobres los pies. Con la mejor sonrisa le dices... "Perdiendo los papeles”
Llegamos al quirófano ...

1 comentario:

Filo Isidoro dijo...

niña, ¿qué te han hecho?...
nos tienes en un suspiro...
está tan aderezado que nos dejas a dos velas; por favor,continúa con tu relato.