Estabamos viendo la tele cuando comienza, dentro del concurso, otro concurso de esos que sirven para promocionar algo. En este caso era encontrar la imagen que se repite. Sencillísimo.
Hijo chico.- Mamá, podías mandar el sms y ganas el portátil
Mamá (osea, yo).- Nunca toca y cuesta euro y medio el mensaje. Seguro que tienes que enviar unos cuantos y ya no es euro y medio. Que es una engañifa, hijo
Hijo chico.- Aunque mandes tres, serán en total cuatro euros y medio ¿y si toca? tienes un portátil por ná.
La conversación continuó. El muchacho es insistente, persevera. Al quinto argumento que me tiró por tierra me rendí y mandé el sms. Pero como ya no estaba el número en pantalla lo mandé mal. En lugar de enviarlo al 7117 lo hice al 7717 o algo por el estilo.
Al rato recibo un sms ¿Qué quieres? y fue cuando me di cuenta del error. Como soy muy cumplida envié uno pidiendo disculpas por haberme equivocado y otro al correcto con la solución del concurso para tontos.
Del concurso no supimos nada, el portátil se lo debió llevar otro. Pero del número equivocado si que supe.
Supe durante meses. A media mañana recibía mi sms con "Hola encanto, espero que tengas un día estupendo, si necesitas alegrarlo dimelo y te haré feliz por un rato". A media noche recibía otro poco más o menos. "¿Qué tal el día? ¿Estas cansada? ¿Necesitas relajarte?"
Cada vez eran distintos, hay que reconocerle imaginación a quien los escribia. Me acostumbré a ellos. Como es natural no me los creía ¿o si? ¿a quien no le gusta que le digan cosas bonitas por la mañana y por la noche?
