El viaje fue de lo más normal. Hasta parar a comer los bocatas, Pedro iba preguntando cada 5 minutos ¿Cuánto queda?
Lo que decía..., de lo más normal.
A ratos jugábamos a las palabras encadenadas. Pero apareció "tozudez" y no fuimos capaces de convencer al chico que no hay ninguna palabra en castellano que comience por "dez", que la z se convierte en c cuando le sigue otra sílaba.
Hubo que dar el juego por terminado y nos faltaban bastantes kilómetros por lo que volvió la pregunta ¿Cuánto queda? cada 5 minutos.
Llegamos a Azuqueca, soltamos los bártulos y a los niños para continuar camino a Guadalajara, a visitar a mi cuñado que estaba ingresado. Menos mal que íbamos vestidos como cebollas, a capas. Cuando llevábamos un ratito de visita arrancamos a sudar, y poco a poco nos fuimos despelotando hasta lo permitido públicamente ¿Por qué está la calefacción tan alta en los hospitales?
Félix, mi cuñado, estaba bien; todo había salido perfecto y le darían el alta al día siguiente.
No fue necesario que me nominaran para salir de casa. Desde que no se fuma en casi ningún sitio, te ves obligado a salir a la calle a echarte un cigarrito. La cantidad de gente que se ve en la puerta o en las terrazas haciendo estos menesteres.
Tiene una ventaja, te inmuniza contra las enfermedades de pulmón. Si superas el primer día ya no hay catarro que te entalle. Pasas de los 22 grados del interior a los dos bajo cero del exterior, cada vez que te entra el mono del pitillo.
Los que se resintieron fueron nuestros zapatos. A los dos días de las escapadas a fumetear se nos rajaron a pie de suela.
Como no estaba el tiempo para andar descalzos (para que el equipaje no fuera muy abultado, padre y madre solo llevaban un par de zapatos cada uno) nos acercamos a un centro comercial a reponer.
Y ahí es donde se pierden las formas definitivamente. Si eres capaz de salir ileso de una actividad como ésta, tienes asegurados dos años mínimos de convivencia.
... también continuará...